Taller De Los Beaugrant (Atribución): Cristo Crucificado

Bilbao. Iglesia de los Santos Juanes
  • Madera policromada. 80 x 71 x 17 cm.
  • Renacimiento. Manierismo. Hacia 1555
  • Nº inventario: 1134

Una serena fuerza expresiva y un estudio naturalista del desnudo y de los paños son las características típicamente manieristas que vemos en este Cristo crucificado, procedente de la bilbaína iglesia de los Santos Juanes, cuya autoría se atribuye al taller franco-flamenco de los Beaugrant.

El primitivo templo de los Santos Juanes se localizaba extramuros de la villa, en Atxuri, junto al hospital del mismo nombre. Sin embargo este edificio fue abandonado en 1770 debido a su lamentable estado, y se trasladó la advocación a la iglesia de los jesuitas, que había quedado vacía tras la expulsión de esta orden. También se desplazó entonces el contenido mueble del antiguo al nuevo templo, contenido entre el que estaría este Cristo.

Se desconoce cual fue su ubicación original dentro de la iglesia. Podría haber sido utilizada como imagen procesional –se ha sugerido que fuera el anterior titular de la Cofradía de la Vera Cruz–. Pero lo cierto es que mejor se ajusta como elemento rematante de un retablo de mediano tamaño, tal vez el de la capilla de los Lezama y Güeñes.

El cuerpo está en tensión, definiendo los distintos músculos, mientras que las facciones de su doliente semblante están más relajadas, con los ojos cerrados y la boca a medio abrir. El rostro es ovalado y se representa con una tupida barba, de voluminosos mechones, que se divide en dos en el mentón. Peina larga melena con gruesas crenchas que se deslizan hacia su derecha y dejan a la vista el cuello y parte de la oreja izquierda. Se dignifica con una corona de espinas, en realidad formada por tres cordeles enrollados.

El cuerpo desnudo es protagonista. Se clava a la cruz con tres clavos y se gira hacia su derecha originando un tenso escorzo. Cruza las piernas, superponiendo el pie derecho sobre el otro.

Se cubre con un perizoma corto, de paños muy pegados al cuerpo y plegado abundante, blando y ondulante. Se anuda en su lado izquierdo y se recoge en un amplio frunce en la derecha.

La obra refleja un evidente naturalismo, con formas sinuosas, de gran fuerza expresiva en busca del primor formal, que sin embargo da como resultado una obra serena, proporcionada.

La policromía, que no es la correspondiente a la factura de la talla, no presenta demasiados matices. En algunas zonas, sin embargo, se descubren restos de un pincelado anterior algo más opaco.

Igualmente de fecha posterior son la corona de cuerda que porta, y también la reconstrucción de algunos dedos de la mano, parte de su cabellera, antebrazo y mano derecha, y alguna zona de los pies. Vemos que las pérdidas de volumen son importantes, con nuevas reconstrucciones aunque lo más reciente será la cruz donde se sujeta.

Barrio Loza atribuye la realización de este Crucificado a Juan de Beaugrant, que desarrolló en el País Vasco y La Rioja gran parte de su producción artística. Sin embargo, un reciente estudio de Moya Valgañón otorga la autoría al taller de Guiot, su hermano. Se apoya esta tesis en la comparación con otros Cristos atribuidos a su taller, como el del Amor de la Catedral de Santiago (Bilbao), el de Ábalos (La Rioja) o el de Balmaseda, en cuanto al particular estudio que realiza de los cabellos ensortijados, las anatomías en movimiento, el vuelo de los paños…

Nuestro Cristo tiene unas dimensiones menores que las obras citadas, pero es comparable a otros del taller de los Beaugrant, como el del retablo de la Piedad y el Calvario subastado por Sotheby’s en Londres en 1988. También debe señalarse su relación con otro Cristo de la iglesia de los Santos Juanes: el Cristo de la Villa, titular de la Cofradía de la Vera Cruz y obra de los Beaugrant.