San Miguel

Ziortza-Bolibar. Colegiata de la Asunción de Nuestra Señora de Zenarruza
  • Madera policromada. 103 x 37 x 22 cm.
  • Tardogótico. Hacia 1490
  • Nº inventario: 250

Refinada talla que representa al arcángel San Miguel luchando contra Lucifer. Originalmente se ubicaba en el retablo de la capilla de su advocación en la colegiata de Zenarruza.

Durante la Baja Edad Media el culto a este arcángel se difundió notablemente gracias a su condición de aguerrido protector del bien. De hecho durante este periodo la representación de San Miguel derrotando al demonio gozó de mayor éxito que la de la Psicostasis o pesaje de las almas, aunque algunas veces aparecen ambos episodios en una misma pieza artística.

El santo, juvenil, con porte elegante, está en pie y ha perdido las alas; se inclina ligeramente para alancear al agitado demonio que yace a sus pies. Es ésta una iconografía frecuente en la península, donde conoció una importante promoción desde el siglo XIV gracias a la llegada de artistas germánicos y flamencos. La indumentaria, los rostros, la disposición de los personajes… nos remiten a tipos góticos propios de los Países Bajos.

San Miguel va equipado como un guerrero de la época, con una lujosa y detallada armadura, lanza y escudo, todo ello según modelos bajomedievales. Sobre la coraza se dispone un manto largo que le cubre los hombros y esta asegurado por delante con un vistoso prendedor cuadrado. El rostro del santo muestra labios delgados, refinada nariz recta y ojos delicadamente enmarcados por la línea curva de las cejas y con los párpados entornados, dirigiendo su mirada al ángel caído. Se dignifica esta testa con una diadema recorrida por rectángulos y con un motivo floral circular al frente, que ciñe una generosa cabellera de rizos ondulados. La figura se caracteriza por la delicadeza y mesura en su pose, con gesto firme y aire decidido.

Lucifer, por su parte, muestra mayor frenesí en su duelo con San Miguel. Los gestos y la actitud son más inquietos, expresionistas, creando una evidente antítesis con el comedimiento y elegancia que caracteriza al arcángel. Tumbado boca arriba con los brazos extendidos en ademán de agarrar al santo, es una criatura híbrida, una bestia cubierta de pelo, con cresta y garras en pies y manos. Además reproduce en los brazos un rostro monstruoso, detalle que se repite en otras piezas: un San Miguel de San Pedro de Barínaga (Markina-Xemein), otro de Zalla, de Abadiño, uno más en Mendata, el diablo de San Bartolomé del retablo mayor de Arrieta y un San Miguel procedente de Vega de Carriedo depositado en el Museo Diocesano Regina Coeli (Santillana del Mar, Cantabria).

La pieza conserva una bella policromía en la que predominan los dorados, el azul y el rojo.

En su conjunto se trata de un obra de calidad muy notable, con algunos rasgos comunes con otras tallas del Este del territorio vizcaíno como el San Miguel de la parroquial de Ondarroa.

Tanto la elegante y serena composición como el tratamiento de los detalles –la armadura, el rostro, los brazos de la bestia– nos remiten, como se ha adelantado, a modelos flamencos.