Salvador Bofill: clave

Lekeitio. Monasterio de Santo Domingo
  • Madera, latón y hierro. 186,5 x 73,5 x 23 cm.
  • Barroco. 1743
  • Nº inventario: 1204

El espacio dedicado a las pinturas de Lucas Jordán acoge un elemento curioso, extraño dentro del conjunto de la exposición, pero de gran valor histórico y artístico. Se trata de un clave construido en 1743 por el maestro clavero barcelonés Salvador Bofill (1705-1771). De hecho, es el único instrumento de tecla conocido de Bofill, y uno de los pocos de elaboración española que se conservan –existen apenas una docena de ejemplares españoles en colecciones nacionales y extranjeras–.

El clavicémbalo, clavecín o clave es un instrumento musical de teclado y cuerdas metálicas que se hace sonar mediante unas plumillas de ave movidas al pulsar las teclas. El sonido resultante, de cuerda punteada, resulta robusto y brillante.

Sus orígenes se remontan al siglo XV. Se utilizaba especialmente en la Semana Santa, cuando el precepto prohibía el uso del órgano, sobre todo para acompañar voces y otros instrumentos. No estaba destinado, por tanto, a grandes conciertos, sino para interpretaciones de cámara o espacios más privados. En el siglo XIX fue sustituido por el piano.

El del Museo es un instrumento de apariencia sencilla, pero realizado con gran calidad siguiendo modelos europeos. En concreto, como ha señalado Carmen Rodríguez Suso, repite las pautas de los clavicordios italianos en la forma de la caja y el ensamblaje de sus partes, las molduras o la forma del puente. En otros aspectos recuerda claves flamencos, como en las correderas de los registros. Pero también presenta algunas características particulares, como las guías o la tapa de los martinetes.

Con teclas naturales chapadas en boj, y las accidentales en nogal, está compuesto de dos registros de ocho pies que pueden sonar por separado o acoplados, y una extensión del teclado con 45 notas (DO/MI-DO3) similar a la usada en los órganos y monacordios. Esto nos hace suponer que fue diseñado tanto para ser usado en el estudio de organistas como para el acompañamiento de otros instrumentos y el canto, además de como solista.

La sencillez de las formas se hace extensiva a la decoración, limitada a la policromía en azul liso. En el clavijero se encuentra la firma del artífice: + SALVATOR BOFILL FECIT BARCINONE ANNO ANATIVITATE DOMINI + 1743 +.

Este lutier desarrolló su actividad en su taller de la barcelonesa calle Escudillers desde 1725 hasta 1766. Destacó sobre todo como violero y por la fabricación de instrumentos de arco, calificados como excelentes, pero también se conservan un salterio, una mandolina y este clave. Todo ello nos da una idea de la importancia de este taller, de orientación más comercial de lo habitual en la época, síntoma de modernidad, y con cierta independencia de las normas gremiales del momento.

No tenemos noticias de cómo llegó esta pieza al convento de dominicas de Lekeito, pero allí no fue el primer teclado: nueve años antes de construirse este clave una novicia usaba un clavicordio, y poco después se exigía al organista de la iglesia que tuviera un clave por si alguna familia lo requería en un entierro. De hecho, en el siglo XVIII conocemos la existencia de más de media docena de claves en distintas localidades vizcaínas, lo que nos lleva a considerar que era un instrumento relativamente conocido.

Apartado del uso y guardado en un almacén desde fecha indeterminada, fue redescubierto en 1991. Se encontraba en bastante buen estado y no parecía haber sufrido intervenciones significativas. Fue apeado y limpiado por Cristina Bordas, y en 1995-1996 se procedió a su restauración en Barcelona, en el taller de Joan Martí, devolviéndole la policromía al temple original y sobre todo recuperando su función musical –de hecho, ha sido utilizado en diversos conciertos y en la grabación de un disco–.