Portaviático

Karrantza. Iglesia de San Cipriano de Ranero
  • Plata en su color. 28 x 21,5 cm.
  • Neoclásico. 1831
  • Nº inventario: 1600

Objeto destinado a llevar el viático o la comunión a las casas y acondicionado también para transportar la unció n de los enfermos. El portaviático ha sufrido múltiples variaciones a lo largo del tiempo, adoptando formas diferentes según las modas imperantes, la calidad del templo comitente o el uso específico al que estaban destinados. En é poca neoclásica adoptan la forma de corazón, pelícano o sol con el Agnus Dei, como el caso que nos ocupa.

Éste del Museo es un elemento bastante aparatoso, sobre todo si pensamos en que está diseñado para ser portado por el sacerdote. Realizado en plata en su color, está concebido como un expositor de custodia tipo sol. Además de servir como portaviático provisto de las cadenas de transporte, incluye un soporte detrás que permite mantenerlo en pie para su exhibición.

La cara frontal y delantera es la que concentra el ornato. Al centro el Cordero Místico, con el lábaro de la Resurrección y tendido sobre el Libro de los Siete Sellos, referencia a las escrituras del Antiguo Testamento y al Apocalipsis (5,9) (“Eres digno de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque fuiste degollado… “). Bajo É l un cúmulo de nubes y a su alrededor una sencilla ráfaga de rayos rectos grabados. La chapa donde se sitúa esta figuración conforma la portezuela del portaviático, cerrada por dos charnelas, la que abre provista de pasador con cadenilla. Al interior guarda un coponcito de plata en su color, muy sencillo de traza y ornato, con el interior sobredorado. Y en la misma puerta, en su reverso, sostiene una cruz de plata sobredorada, también simple y destinada a la unció n de enfermos.

Alrededor del receptáculo principal se decora con orla de nubes en la que se intercalan cabezas de querubines alados, espigas y racimos de uvas. Externamente una ráfaga de rayos rectos de longitud variable otorga una silueta redondeada a la obra. En la parte más cimera se interrumpe este destello por corona real rematada en media bola y cruz de brazos de sección romboidal con perinolillas. Es un trabajo muy plástico, en el que se definen con esmero los relieves, buscando el detalle y el naturalismo ornamental.

La parte posterior es más austera. Además de la pestaña que permite mantener la pieza erguida y las gruesas cadenas sujetas y guiadas por argollas que facultan para llevar la pieza colgada del cuello, lo má s destacable es la inscripción en el reverso el contenedor. Reza como sigue: “D. D. / Petrus Antonius / de Trevilla / Episcopus Cordubensis / Anno / MDCCCXXXI”. Se trata de la leyenda de donación de Pedro Antonio de Trevilla (1755-1832) a su parroquia de origen, San Cipriano de Ranero (Karrantza), en 1831. Elegido obispo de Córdoba (1805-1832), donde está enterrado, fue anteriormente canónigo de Toledo, fiscal general del obispado de Astorga y capellán en Santecilla.

Como personaje ilustre de Karrantza quiso dejar testimonio en su pueblo natal, haciendo entrega de este singular portaviático, que desde luego no se caracteriza por su mesura y es signo de un lujo que la mayoría de las parroquias no podían permitirse.

Anexo a la trasera del contenedor, un cilindro hueco y liso parece haber servido para transportar

el recipiente con el ó leo de la unció n. A pesar de ser una obra hecha por encargo y en la que el artífice ha cuidado los detalles, carece del marcaje preceptivo. Saldría del taller de algún buen artífice cordobés o sevillano, pues su tipología, tamaño y decoración recuerda algún portaviático andaluz contemporáneo a él.