Juicio De Cristo Ante El Sanedrín

Plentzia. Iglesia de Santa María Magdalena
  • Óleo sobre lienzo. 120 x 180 cm.
  • Barroco. Hacia 1615
  • Nº inventario: 1125

Es éste un trabajo típicamente contrarreformista, en el que el tema religioso se ha abordado con absoluto escrúpulo iconográfico para la correcta instrucción de la feligresía. La composición se estructura en un recinto interior y columnado, configurando los ejes principales Caifás al centro, Poncio Pilato a nuestra izquierda y Cristo sedente a la derecha. El conjunto se completa con los miembros del sanedrín, el tribunal de los judíos.

La pintura aúna diacrónicamente varios momentos de la Pasión del Señor, y no solamente su juicio propiamente dicho. Son los pasajes de Cristo ante Caifás, Cristo ante Pilato y Cristo esperando a ser crucificado. Desde el centro el sumo sacerdote Caifás pregunta a Jesús si es el Hijo de Dios, a lo que Él contesta “Yo soy” (Marcos 14, 62); ante lo que considera una blasfemia, Caifás se rasga las vestiduras y, secundado por el sanedrín, condena a muerte a Cristo. Tras esto Jesús es llevado ante Poncio Pilato, quien tiene que ratificar la sentencia, si bien opta por lavarse las manos y dejar que sea el pueblo el que decida. Pero la figura de Cristo ha sido representada de forma independiente de ambas escenas: semidesnudo, flagelado, atado de manos y con la corona de espinas, está sentado esperando el momento de ser crucificado. Irradia una claridad distinta a la del resto de la composición, emancipando aun más su imagen: a pesar del abigarramiento, Jesús está solo, dramáticamente resignado a su destino.

Algunos de los miembros del tribunal presentan rasgos muy personalizados, que nos hacen pensar en retratos de individuos concretos, quizás vinculados a la escena por razones simbólicas. De hecho, Ptolomeo, a nuestra derecha, no es otro que Carlos V.

El ordenado y estático escenario interior se oxigena con una ventana a través de la que se observa el paisaje urbano y arquitectónico de una Jerusalén renacentista, y donde se concentra el gentío a la espera del veredicto.

La policromía es delicada, de rico colorido y con distintos matices. Se aprecia un gusto por los contrastes lumínicos y el claroscuro, además de la barroca artificialidad de la luz que rodea a Cristo.

Pero además de su valor estético, destaca esta obra por su indiscutible virtud pedagógica. Cada personaje porta una cartela en latín, a las que se añaden otros textos en la parte superior, ventana y centro. Y todas las escrituras están traducidas al castellano en la franja baja del lienzo, reforzando la comprensión de lo representado.

Esta iconografía parece derivar de un texto apócrifo, “descubierto” en Nápoles en 1580, que recogía la sentencia de Pilato. Sólo un año más tarde se editaba en Nuremberg, y ya se le añadía la lista de los integrantes del sanedrín y sus opiniones. A partir de ese momento se comenzó a estampar la escena, si bien Pilato cedió el papel protagonista a Caifás. Fue representada por artistas como Martín de Vos, Ambrosius y Frans Francken, Adriaen Collaert, Egbert van Panderen, Daniel Altenburg, Isaak Brun, Claude Deruet, Johann Jakob Thurneyser, Philippe Thomassin, Giovanni Battista Canossa… Diversas versiones se conservan en el área flamenco-alemana (Kalkar, Germau, Augsburgo, Stuttgart, Wahlhausen, Lieja), Francia (Lille, Saint Omer, Ablon-sur-Seine, Beaune) y España (Granada, Esquivias [Toledo], Barcelona…), prolongándose esta iconografía hasta el siglo XIX y llegando incluso hasta los Estados Unidos de la mano de emigrantes alemanes (Harrisburg).

Nuesta obra en concreto presenta aún un poso manierista –paños abultados y refinados, poses alla maniera, cierta artificialidad cromática…–, pero otros aspectos parecen llevarnos al primer siglo XVII: el tratamiento de la luz, la representación de Cristo, el barroquismo del claroscuro… Todas estas características, así como la inclusión de textos en castellano, nos hace suponer que el cuadro fuera pintado por algún diestro artista del país en los años centrales del primer cuarto del siglo XVII.