José María Muñoz: bocetos para los murales de la Iglesia de los Santos Justo y Pastor de Otxarkoaga (Bilbao)

Museo Diocesano de Arte Sacro
  • Lápices de colores y tinta sobre papel. 10,5 x 31,5 cm., 10,5 x 31 cm.
  • Contemporáneo. 1996
  • Nº inventario: 1434

José Marí a Muñoz (1930-1997), sacerdote natural de Cruces (Barakaldo), fue un artista de una notable capacidad creativa y con una abundante y variada producción. Sus obras van desde la figuración cercana a la tradición a otras en las que existe una mayor presencia de las vanguardias plásticas, con tendencia hacia la abstracción. De hecho, Muñoz supo conjugar diversos preceptos artísticos en función del destino de cada trabajo buscando siempre el lenguaje más accesible a sus destinatarios.

Su vocación artística comenzó durante su estancia en la localidad de Castillo Elejabeitia, en un centro dependiente del Seminario Diocesano de Vitoria. Al mismo tiempo que se dedicaba al estudio del latín, Muñoz se interesó por el arte. El rector de la institución, Isidro Larrauri, viendo que algunos de los residentes sentían especial predilección por las artes plásticas, les dio la opción de comenzar a trabajar y a formarse en materia artística. El grupo estaba formado por Iñaki Landa, Iñaki García Ergüín, Rapel Menchaca y José Marí a Muñoz.

Un tiempo después los dos primeros abandonaron el Seminario, mientras que Menchaca y Muñoz continuaron con su vocación religiosa y empezaron a trabajar juntos en distintos proyectos artísticos.

La dedicación de Muñoz, sacerdotal y artística paralelamente, fue causante de algunas desavenencias con los superiores del Obispado de Vitoria, al que aún pertenecí a Bilbao. Sin embargo eso no fue un impedimento para que al poco tiempo el obispo encargara a aquel cura-artista las imponentes vidrieras del nuevo Seminario de Derio. Por aquellos años sesenta Muñoz se había revalorizado considerablemente y era muy reconocido en los ambientes artísticos, a pesar de que su formación había sido totalmente autodidacta.

En su producción se incluyen diseños de vidrieras para varios templos vizcaínos, cuadros de caballete, bocetos para estaciones del Vía Crucis, ilustraciones para cuentos infantiles y otro tipo de publicaciones, carteles para parroquias, dibujos a tinta con escenas de la Historia Sagrada, etc. No obstante esta prolífica tarea de diseño gráfico y de pintura, no le robó tiempo para dedicarse a la enseñanza del dibujo en su parroquia de Cruces.

Las obras que nos ocupan son dos pequeños bocetos para murales de la iglesia de los Santos Justo y Pastor de Otxarkoaga (Bilbao), pinturas que nunca llegaron a realizarse. Estos cartones fueron las propuestas planteadas para un emblemático templo de la arquitectura religiosa contemporánea en Bizkaia, proyectado por el arquitecto Pedro Ispízua en 1960. En ellos se interpretan escenas de la vida de Cristo: de derecha a izquierda, arriba pueden verse los Anuncios (Profetas y San Juan Bautista), la Anunciación, la Epifanía, el milagro de los panes y los peces; y abajo está n la Última Cena, el Camino del Calvario, la Crucifixión, la Resurrección y Pentecostés.

El conjunto resulta marcadamente expresionista gracias al uso de formas simplificadas y abstraídas, con estilizadas figuras que se llenan de oquedades. La geometría se adueña de la composición. Con todo, teniendo en cuenta la fecha de su realización, este estilo resultaba ya un tanto anticuado dentro de la obra de Muñoz. En este trabajo se evidencia la influencia de Oteiza, quien en los cincuenta proyectó las esculturas destinadas al santuario de Arantzazu (Oñati, Gipuzkoa), cuya trascendencia es innegable en nuestro arte contemporáneo.

Al igual que las figuras, las tonalidades se han reducido a la mínima expresión: sobre un fondo oscuro juega con el gris y con una amplia gama de amarillos terrosos, a los que el blanco otorga alguna calidad lumínica en ciertas escenas.