Genaro Urrutia: Anunciación

Procedencia desconocida. Depósito de la Diputación Foral de Bizkaia
  • Óleo sobre lienzo. 167 x 202 cm.
  • 1931
  • Nº inventario: 1176

El plentziatarra Genaro Urrutia (1893-1965) fue uno de los pintores vascos más destacados de su momento. Mantuvo la línea italianizante de Aurelio Arteta, llena de espiritualidad y con una pincelada y tonalidad suaves, dulces. Y plasmó como nadie escenas de paisajes delicados en los que introdujo personajes de carácter popular, costumbrista, como ocurre en la obra que nos ocupa.

Urrutia se formó en la Escuela de Artes y Oficios de Bilbao, para proseguir sus estudios en París (1919-1923), becado por la Diputación de Vizcaya, y después en Roma. A su regreso a Bilbao sus creaciones fueron muy bien acogidas en los círculos artísticos. Su producción abarcó muy distintos temas, incluidos los religiosos. En este ámbito han de destacarse sus pinturas murales, como las de las iglesias de San José y el Buen Pastor de Lutxana, ambas en Barakaldo, o la de San Juan Bautista de La Salle y la capilla del Sanatorio de Santa Marina, en Bilbao.

Siempre intentó combinar los temas tradicionales con la modernidad, dando como resultado obras de línea elegante dotadas de colores simplificados y suaves: grises, verdes, azules… siguiendo los rasgos propios de la pintura vasca de la época, a los que supo dar una vibrante luminosidad. Su estilo es sobrio, sencillo, armónico, evitando el exceso de virtuosismo. Destaca la belleza exaltando la elegancia de líneas y matices, sin hacer uso de alardes decorativos, sin entretenerse en las anécdotas. Así su pintura gana en profundidad y las figuras cobran todo el protagonismo.

Durante la época de la Segunda República (1931-1939) la modernización de las artes plásticas se aceleró. Esto se reflejó en una más intensa geometrización, que a su vez se tradujo en un lenguaje más preciso, simple y estructurado. Pero esto no llevó a todos los artistas a abandonar la figuración –como fue el caso de Urrutia–.

En este contexto hay que ver la obra que nos ocupa. La escena se desarrolla en un ambiente rural: un sencillo interior a través del que se contempla un paisaje típicamente norteño con su prado y sus caseríos. A nuestra izquierda María, interpretada como una muchacha aldeana, se sienta en un recinto apacible, sin elementos decorativos que aparten nuestra atención del tema principal. Viste un humilde vestido de suave color azul, la tradicional toquilla blanca y unas rústicas abarcas bajo las que se ajustan unas calcetas blancas. Su anatomía es delgada, muy comedida en sus redondeados volúmenes. Mantiene un gesto sereno y alegre, con la mirada orientada hacia el suelo en señal de humildad ante el anuncio del Ángel. Enalteciendo a esta María campesina Urrutia dispuso una tenue aureola en tonalidad encarnada alrededor de su cabeza. Sostiene entre sus manos un libro que deja de leer, al ser sorprendida por el Ángel Gabriel.

Insólitamente este heraldo se ilustra como una mujer –ligero abultamiento del pecho y muslo, manos y rostro femenino–. Cruza el umbral de la habitación en sosegado movimiento, mirando y saludando con la mano a la Virgen. Nuevamente las ropas se tiñen de tonos suaves, en este caso rosas. Y sutiles son también las tonalidades de las alas –azules, rosas, grises–.

Detrás de los dos personajes Urrutia pintó un paisaje vasco, en refinados matices verdosos. Las colinas se cruzan en planos diagonales, y entre ellas asoman unos tejados de caseríos, igualmente de elemental concepción. La obra está firmada en el ángulo inferior derecho: Urrutia 1931. En la parte baja del lienzo incluyó el pintor las palabras de la salutación del Ángel, que en algún momento se cubrieron de color ocre. Rezaban así: “Agur María, graziaz batea, Jauna da zugaz, bedeinkatua zara zu andra guztien artean, eta bedeinkatua da ure sabeleko furtua Jesus. Santa Maria, Jaungoikoaren Ama, eregutu egizu gu pekatorien alde orain eta geure eriotzako orduan. Amen”.