Camino Del Calvario

Museo Diocesano de Arte Sacro
  • Óleo sobre tabla con arquerías en madera dorada. 55 x 47,5, 56,5 x 45 cm.
  • Gótico. Hacia 1440
  • Nº inventario: 116

En el Camino del Calvario vemos a Cristo cargando con la Cruz hacia el Gólgota, donde será crucificado.

En el centro de la tabla Simón de Cirene ayuda a Jesús a llevar la cruz, con el cuerpo estilizado en ademán de esfuerzo, mostrando un dramático gesto de tensión. La figura de Cristo ocupa gran parte de la zona inferior de la pintura. Inclinado, tiene un gesto forzado consecuencia del gran peso que porta. Fustigado con una vara por un sayón que avanza tras él, por delante otro –al que no vemos la cabeza– tira de la cuerda con la que está maniatado. El primero de ellos, que aparece con un atuendo parcialmente roto, fija su mirada fuera de la acción en la que se halla, observando al público con el ceño levemente fruncido.

Tras estos protagonistas asoman otros personajes. Al centro vemos tres cabezas con lujosos tocados, y hacia nuestra derecha otras dos con ricos yelmos, uno de ellos un trompetero. A la izquierda la Virgen María, con gesto de dolor en el rostro y las manos juntas en señal de desconsuelo. Contigua a Ella alguien se cubre la cara con sus expresivas manos levantadas, y más manos nos hacen intuir la presencia de otra persona. Estas últimas figuras, a diferencia del resto, presentan sendos nimbos.

El dramatismo de la escena se acentúa con el dorado del fondo y la brillante decoración incisa que no deja espacio para el paisaje.

A pesar de la falta de referencias documentales concretas, según estudió la profesora Sáenz Pascual, los aspectos formales nos llevan a atribuir estas tablas al círculo de Bernat Martorell. El sentido narrativo, la captación psicológica de los personajes, las composiciones agitadas pero magníficamente ordenadas en diagonales, la creación de volumen a base de relieve en nimbos, armaduras y algunas prendas, el uso del color con brillantez e intensidad, el modo detallista de entender la indumentaria… todo nos remite a este artista. Sin embargo, carecen de su exquisitez, lo que se observa sobre todo en los rasgos físicos de los personajes, menos expresivos, y en la simplificación de los colores. Hace pensar, por tanto, en un autor secundario adscrito a su escuela, que traspuso de forma casi mimética las pinturas de Martorell para el retablo de San Miguel de Pobla de Ciérvoles (hoy en la catedral de Tarragona) y de la Pasión de la Catedral de Barcelona. En cualquier caso, constituyen un notable ejemplo de pintura gótica catalana, de la segunda generación del gótico internacional.