Bernabé García y Aguilar: jarro

Bilbao. Catedral del Señor Santiago
  • Plata en su color. Alto 28, pie 12 x 9, ancho máx. 21 cm.
  • Marcas: de artífice: Bernabé García y Aguilar? (GARZIA); de localidad: Córdoba (león rampante hacia la derecha dentro de óvalo); y de marcador: Bartolomé Gálvez y Aranda (ARANDA y florecita encima)
  • Barroco. Rococó. 1759 – 1767
  • Nº inventario: 1101

Pieza no muy común en la platería vizcaína es este jarro de la catedral bilbaína, de notable riqueza. Recuerda en cierto modo a los jarros castellanos de la centuria precedente, pero dando muestra del gusto del artífice por las modas rococós en boga.

Presenta base de perfil ovalado mixtilíneo. Se resuelve con una primera faja lisa sobre pestaña, para continuar con un cuerpo alzado bulboso, algo estrangulado en su base, que se organiza en varios campos separados por rebajes ondulados que incorporan ornato burilado de vegetales, “ces” y espejos entre rocalla. Una discreta cota sin decoración acoge la base del jarro, que se estrecha considerablemente. El cuerpo es abultado y periforme, interrumpido horizontalmente por nervadura en su mitad separando el cuello de la zona convexa, y dividido verticalmente por estrías sinuosas de desarrollo helicoidal en sectores donde se disponen los elementos de adorno. Son flores, “ces”, espejos, rocalla y otros vegetales los que llenan dinámicamente estas áreas. En su panza descansa el grueso pico, curvilíneo, pegado al cuerpo y guarnecido con mascarón, que nos recuerda los jarros de pico castellanos. Dicha figuración es muy plástica y se eleva sobre una base de “ces” y flores. En la zona del vertedor la decoración es más calmada, con una plaquita que lleva grabada una red de rombos en brillo y mate, alternando con campos ocupados por tallos con flores. Al otro lado del jarro posa la parte baja del asa, especialmente agraciada. Sin dejar un hueco por labrar, es una pieza calada, en forma de hipocampo en la que se despliega el repertorio del rococó con soberbia maestría. Una hoja larga y de bordes grumosos recorre el interior, mientras ondulan por fuera flores, rocalla y vegetales. Su zona más alta se enriquece, más si cabe, con un elemento de rocalla picuda, que lejos de resultar aleatorio desempeña la función de servir de apoyo para el pulgar mientras se ase el jarro. Se completa la pieza con la tapa achatada, igualmente de perfil bulboso, que persevera en la decoración del resto y se remata por una especie de bucarito de rocalla que opera de asidero.

Como solía acostumbrarse en los talleres orfebres cordobeses, al que pertenece este jarro, presenta bien visible en la pestaña del pie el marcaje completo. Son el sello de Córdoba (león rampante hacia la derecha dentro de óvalo de doble perfil), del artífice, quizás como propuso Barrón, Bernabé García y Aguilar (GARZIA) y del contraste Bartolomé Gálvez y Aranda (1759-1772) (ARANDA y florecita encima), además de la burilada en la parte interna de la embocadura. Siguiendo a Esteras, que ha estudiado otros jarros de este contraste, señalaremos que esta marca de Aranda, quién llegó a usar seis punzones distintos, permite encuadrar la jarra entre 1759 y 1767, que es cuando emplea esta variedad de cuño. En su nómina se cuentan varias piezas religiosas, aunque sobre todo se han registrado otras destinadas al uso civil, algo reseñable en los talleres plateros, y entre ellas cuatro jarros (en Llerena, Córdoba y colección Alorda Derksen de Barcelona, además de éste) de la tipología que nos ocupa.

Además de las marcas reglamentarias, incluye al otro lado de la pestaña del pie, leyenda (“Espino”) que suponemos hace referencia a la propiedad.

El jarro en su conjunto es una buena muestra decorativa del rococó, cuyo modelo parece estar en Córdoba o al menos en Andalucía, donde más abundan este tipo de obras, ricas en ornato y de realización esmerada.